Llegamos el viernes de madrugada a Belvís de la Jara. Un pueblo, cercano a Talavera, por el que discurre la ruta de 80 km. Belvís es un pueblo con muchos olivos en los alrededores, con una cooperativa olivarera y en fin una gran tradición de aceitunas. Es un pueblo que está muy bien, si no fuera por la cantidad de cantos que tienen sus caminos.Este año nos han sacado antes de la vía verde, antes de Aldeanueva. Me ha parecido un acierto. El camino hasta llegar a Belvís era diferente al del año pasado, y a decir verdad me ha gustado mucho más. De hecho, nos hacían pasar por un riachuelo o poza, que le daba un toque curioso. Enhorabuena a la organización por el cambio. Lo que no falta en los alrededores de Belvís son los cantos. ¡Cuanta piedra suelta! A lo mejor con una doble se notan menos.
Vamos con buen ritmo y como llegamos mucho antes de lo previsto, paramos a llamar a la familia, para que salgan, no vaya a ser que lleguemos a Belvís y no haya nadie esperándonos. Unas 2 horas para 42 kilómetros con un par de mini paradas, está muy bien para nosotros. En Belvís además de la espera producida por el embudo del reparto del avituallamiento, estamos un buen rato con la familia, sacándonos fotos, comiendo la Jaralca y esperando a ver si aparecen Enrique y Pedro. Aprovechamos también para cambiarnos la térmica por una camiseta normal. Después de estar unos 40 minutos parados, decidimos reanudar la marcha. Estamos fríos y la Jaralca nos repite en las primeras rampas de la salida de Belvís hacia Alcaudete. Hasta que llegamos a la cuesta del Burro, que no hay más remedio que poner pie a tierra y subirla andando. Siempre hay alguno que lo intenta, pero entre la muchedumbre y los cantos, tiene que acabar por rendirse. Seguimos con un buen ritmo, más o menos constante, de hecho el tiempo de la segunda parte de la prueba es prácticamente el mismo que el de la primera mitad. Después de la última subida, que hay gente a la que se le atraganta, viene una bajada importante en la que pierdo el botellín. Paro para recuperarlo, pero me doy cuenta que es un poco peligroso, por la caña a la que baja la gente. Así que lo doy por perdido.
De ahí, hasta Talavera. Verla al fondo nos anima y ponemos un ritmo alto, con la intención de acabar a tope. Este año no nos han metido por el sembrado del año pasado, lo que es de agradecer. En los últimos kilómetros, ya en Talavera, vemos a gente arreglando pinchazos, menuda mala suerte, pensamos. Al final tardamos casi 5 horas y acabamos el 526 y el 529, pero menos cansados que el año pasado y eso que hemos tardado una hora menos. En la meta estaban Miguel y Jose esperando a Víctor y Jesus, que habían hecho la ruta larga. Llegan muy bien y acaban en 6:20 los 125 km, no está nada mal. Ahí se da cuenta Juan de que tiene una rueda pinchada. Eso sí que ha sido suerte. Lo importante es que no hemos tenido incidencias, ni pinchazos, ni caídas. Llamamos desde el coche a Enrique y no da señales de vida. Más tarde me llama y me comenta que le ha encantado la martxa. Me parece que le ha entrado el gusanillo, como me ocurrió a mí el año pasado. Me comenta la emoción que sintió en la meta, me parece que sé a lo que se refiere, yo también lo sentí.
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